
Puede parecer mentira o una exageración, pero según pasa el tiempo me doy cuenta que evangelizar un verbo que no terminamos de tener claro los católicos. Esta intuición la llevo conmigo varios años pero se me ha reavivado con el viaje del Papa Francisco a varios países de América. Si nos damos una vuelta por las redes sociales leeremos que el Papa, al hacer o no hacer determinados actos, estaba evangelizando. Por ejemplo, al hablar de forma poco amable con la labor evangelizadora y civilizadora de la Iglesia en América, resulta que estaba evangelizando. Cuando aceptó con normalidad el crucifijo comunista, también era evangelizar. Cuando pidió perdón por el maltrato a los pueblos indígenas, también evangelizaba.
Muchos
de los gestos “políticamente correctos” que el Papa ha realizado no son
evangelizadores, sino gestos diplomáticos que buscan distender las siempre
complicadas relaciones entre la Iglesia y los gobiernos. No los confundamos,
porque podríamos creer que evangelizamos cuando le decimos a un niño que no
tire papeles al suelo.
¿Qué es
entonces evangelizar? Evangelio significa: la Buena Noticia. Como nota curiosa,
para los romanos contemporáneos de Cristo, la “buena noticia” era la Paz Romana
impuesta en torno al mar mediterráneo. ¿Cuál es la buena noticia para un
cristiano? Que Cristo, el Hijo de Dios, nació como uno de nosotros, para vivir
con nosotros y hacer posible la salvación de todo aquel que le acepte.
Evangelizar no es una acción secundaria sino una labor prioritaria:
Si a alguno disgusta el oír que será juzgado porque no enseñó a otros,
recuerde aquello del Apóstol: “¡Ay de mí si no evangelizare!” (1Cor 9,16). (Orígenes, homilia 33 in Matthaeum) (SEGUIR LEYENDO...)
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