miércoles, 2 de mayo de 2018
JESÚS DE NAZARET, EL MAESTRO
Pablo Garrido Sánchez
Una
pregunta
¿Quién es
JESÚS de Nazaret? Pasan los años y contamos décadas de práctica cristiana con
tiempos comunitarios y particulares de oración; hemos asistido a charlas,
retiros, ejercicios espirituales o reuniones multitudinarias en las que se
predicaba a JESÚS de Nazaret. Es probable que en algún momento hayamos
realizado algún compromiso testimonial, y con todo todavía procede mantener
vivo el interrogante básico: ¿Quién es JESÚS de Nazaret? La proximidad a
JESÚS no evita la pregunta: “¿Quién es éste, que hasta el
viento y el mar le obedecen?” (Cf. Mt 8,27). Sabemos que los discípulos más
cercanos a JESÚS obtuvieron un conocimiento cierto, suficiente y misterioso. La
condición humana y divina de JESÚS nos sitúa siempre ante el misterio.
El PADRE
conoce al HIJO (Cf Mt 11, 27)
El
establecimiento de esta premisa, el PADRE es quien realmente conoce al HIJO, no
es habitual tenerla en cuenta; y sin embargo JESÚS lo advierte en distintas
ocasiones. Es el PADRE el que dispone la venida de su HIJO a este mundo (Cf. Jn
3, 16). JESÚS reconoce que”nadie puede ir a ÉL, si el PADRE que está en los
cielos no le concede esa gracia”
(Cf. Jn 6, 44). A Pedro le dice que el
conocimiento expresado sobre ÉL le viene dado por el PADRE (Cf. Mt 16,17). El
creciente, necesario e ilimitado conocimiento sobre JESÚS nos es dado por el
PADRE mediante la efusión del ESPÍRITU SANTO (Cf. Jn 16,8). Cualquier
aproximación hacia JESÚS mantiene un horizonte de eternidad, por lo que lejos
de nosotros el desánimo por el conocimiento escaso y parcial que podamos
reconocer hasta estos momentos. Es posible, que los más avanzados en la vida
del espíritu puedan decir con el apóstol: “todo lo considero pérdida
comparado con el conocimiento de CRISTO, mi SEÑOR” (Cf. Flp 3,8) La
insaciabilidad por conocer a JESÚS de Nazaret es un buen indicador del progreso
dentro de la vida cristiana, porque el que está necesitado de conocimiento es
que de algo ya participa, pero tiene anchura y profundidad para acoger más de
Aquel que se le vuelve necesario. En esta disposición de ánimo proseguimos en
nuestra búsqueda.
Títulos
Hasta los
treinta años, en el carné de identidad de JESÚS podría leerse: Nacido en Belén,
domiciliado en Nazaret, hijo de José y de MARÍA, de treinta años de edad, y
artesano de profesión.
A los treinta
años, JESÚS, inicia su misión evangelizadora, que le ocupa unos tres años.
Durante este tiempo, JESÚS se hace llamar “Hijo del hombre”, y los
seguidores se dirigen a ÉL como Maestro.
Durante
tres años, JESÚS predica el Evangelio del Reino, mostrando una autoridad moral
y espiritual sorprendente. Acompaña su misión con señales, prodigios y
milagros, creando expectación en unos y
rechazo visceral en otros. Las autoridades tanto civiles como religiosas no
soportan por más tiempo la actividad misionera, pues a unos y otros les parecía
que peligraban sus propias seguridades. El desenlace de los acontecimientos
sabemos cómo fue: en la Cruz; pero el destino que el PADRE tenía para su HIJO
era otro. JESÚS “con su sangre, había comprado para DIOS, hombres de toda
raza, lengua, pueblo y nación” (Cf.
Ap 5,9); por lo que fue constituido SEÑOR y CRISTO (Cf. Hch 2, 36). Estos dos títulos, SEÑOR y CRISTO, aparecen
durante la vida pública en círculos restringidos, afirmándose en toda su
extensión después de la Resurrección.
El
evangelio de san Juan recoge otros títulos referidos a JESÚS que profundizan en
su identidad a la luz de la Resurrección. En verdad JESÚS es la Luz y la
Vida del mundo (Cf. Jn 1, 4). De la misma manera, “ÉL es el Pan bajado
del Cielo que da la vida al mundo” (Cf Jn 6, 33), “JESÚS es el Camino,
la Verdad y la Vida” (Jn 14, 6).
JESÚS es la fuente de la Resurrección para el hombre en particular y para la
humanidad en su conjunto (Cf. Jn 6, 44; 11, 25)
La
ejemplaridad
Todavía
encontramos personas que reconocen guardar un recuerdo ejemplar de sus mayores.
Otras veces la interiorización de modelos de comportamiento provienen de otras
personas más alejadas del estrecho círculo familiar, escolar o de amistad. Principalmente son los mayores aquellos que han quedado en la armadura de nuestra
memoria como modelos de comportamiento. Quienes tienen la primacía en el campo
de la ejemplaridad son los padres: el padre y la madre. Si esta base se altera,
queda comprometido todo el edificio que alberga y sostiene los patrones de
comportamiento. La ejemplaridad proveniente del entorno y admitida en el fuero
interno, no dispensa de la reelaboración personal de los contenidos asumidos;
más aún, es absolutamente necesario que la persona revise y dé asentimiento más o menos
definitivo a lo que de forma intuitiva percibe en alguien que se erige como
modelo de comportamiento. Los ejemplos se pueden multiplicar, pero consideremos
el comportamiento heroico de una persona que salva la vida de alguien que se
está ahogando en medio de una tempestad, como ocurre con cierta frecuencia;
será algo admirable que muchos no podremos imitar porque las facultades físicas
no nos lo permiten, pero sigue siendo objeto de encomio y admiración. Pensemos
en la vida de silencio y ascesis de un cartujo: es algo admirable, pero
parcialmente integrable en la vida de la mayoría de las personas.
Los modelos
de identificación son patrones descubiertos hace tiempo por la psicología
evolutiva, y poco cotizados en estos momentos. En el ambiente de banalidad que
nos envuelve, han caído también los modelos de identificación con la
propagación de forma especial de la ideología de género, que promueve una
mezcla caótica de elementos fundamentales, que al final desestructuran a la
persona en su misma raíz.
Seguimiento
No es
posible ver la misión de JESÚS de Nazaret ajena al seguimiento de los
discípulos y rodeado de grupos más o menos amplios. El Mensaje de JESÚS cubre
la fase más crucial dentro de la transmisión oral. Muy pocas cosas se escriben
en los primeros tiempos, sólo pasadas dos o tres décadas se registran por
escrito los dichos y hechos de JESÚS de manera ordenada. Mientras tanto
rigieron en el mantenimiento del Mensaje las leyes de la transmisión oral, por
lo que el esquema maestro-discípulo fue esencial. El Maestro procuró grabar con
el fuego del ESPÍRITU SANTO, sus palabras, sentimientos y actitudes, en el
corazón de sus discípulos. Pero antes había que encontrar a esos discípulos. En
la organización misionera de JESÚS tiene prioridad la selección de sus
seguidores o discípulos: “JESÚS llamó a los que quiso, para que estuvieran
con ÉL, y ser enviados” (Mc 3, 13-15). Previamente, JESÚS, había llamado a
los cuatro discípulos que después estarían integrados en el grupo de los doce,
y los llamó para “hacerlos pescadores de hombres” (Cf. Mc 1, 16-20).
El círculo
de seguidores abarca más que a los Doce. Ésta es una institución con unas
características particulares, que fundamenta a todo el conjunto de discípulos
cuyo radio potencial de captación alcanza a todo hombre de cualquier época y
lugar. La llamada de JESÚS al discipulado es tan universal como su propio
Mensaje.
JESÚS es
mi Maestro
En ningún
momento el tratamiento que JESÚS ofrece a su labor misionera se diluye en
colectividades anónimas. JESÚS no es un promotor de uniformidades sin rostro o
con rostro único. La pretensión universal de la tarea salvadora es la de hacer
llegar a cada persona en particular el Amor paternal de DIOS. El perfil
personal de cada uno es esencial al cristianismo. JESÚS de Nazaret interpela a
cada persona en particular. Cuando alguien oye las palabras del Evangelio y se
las aplica al vecino, las está manipulando, porque JESÚS busca conversar
particularmente, sin alterar el ámbito de lo privado y personal. Esto es algo
que hoy es preciso actualizar, porque los niveles de privacidad van cediendo
para caer estúpidamente en las garras de los manipuladores. Es preciso mantener
ese espacio de privacidad, en el que pueda crecer una relación personal. No
todo es público, aunque hay muchas cosas para compartir, pero tienen que surgir
de una madura elaboración.
Estas
consideraciones son pertinentes, porque cada cristiano debe tener un
sentimiento hacia JESÚS de Nazaret como su Maestro; no sólo como el Maestro,
sino como Aquel que misteriosamente conoce lo íntimo y personal para darle
valor o restaurarlo; para ofrecer nuevas enseñanzas o proseguir en los ritmos
de crecimiento personal. Es posible que tenga que empezar a considerar que
JESÚS de Nazaret es “mi Maestro”; y las palabras de la Escritura,
especialmente de los evangelios, tienen que comenzar a vibrar en mi corazón con
su voz: “Mis ovejas escucharán mi voz” (Cf. Jn 10, 16). Claro está, el
Maestro tiene que enseñarnos multitud de aspectos vitales para nuestro desarrollo
personal, y como tal Maestro sabe transmitir desde su corazón lo que necesita el nuestro: “¿No
ardía nuestro corazón cuando nos hablaba por el camino y nos explicaba las
Escrituras?” (Cf. Lc 24, 32).
En
el camino
Cada uno
describe su propia trayectoria y encuentra oportunidades y personas que marcan
fechas e incluso épocas. En mi caso, andaba por la tercera década de mi vida,
hacia los veinticinco años, cuando me crucé con un sacerdote sudamericano, que
en el trato con él, me transmitió, como a otras personas, la dimensión hasta
entonces inédita de JESÚS como Maestro.
En este caso actuó la ejemplaridad y la receptividad por mi parte que aspiraba
a encontrar claves, y en cierta medida soluciones. La verdad es que después de
muchos años sigo buscando claves y soluciones con menos pretensiones, pues la
experiencia dice que el camino es largo, si cabe, y se ha de hacer con pocas
cosas en la mochila. Pero aún pervive, y cada día con más razón la búsqueda de
JESÚS el Maestro. Después de aquellos años, alrededor de los sesenta o setenta,
en los que se iba al Tibet a buscar un gurú para seguir un sendero espiritual,
los conocimientos ocultos de la iniciación esotérica se han vulgarizado y en
cualquier esquina se ofrecen clases de yoga, meditación o reiki. La sabiduría
que ofrece JESÚS de Nazaret, el Maestro, va destinado a los pobres que se fían
de ÉL y de su Palabra: “Los pobres
son evangelizados” (Cf. Mt 11, 5).
“Rabí”, “rabboní” o “maestro”,
son términos idénticos que encontramos más de cincuenta veces en los cuatro
evangelios, con lo que nos está indicando la importancia de la dimensión
magisterial ejercida por JESÚS. ÉL ofrece su palabra y su estilo de vida para
que sirvan de referencia y modelo a todos los hombres. Mi amigo, el sacerdote
sudamericano, sobresalía en un especial aprecio por la Palabra. Para él la
Biblia revestía la fuente de todo conocimiento y de aplicación práctica. Estaba
dotado de un carisma especial para transmitir esa misma estima por la Palabra y
dejarla como pauta en el aprecio de los que lo conocimos. Hace pocos días
charlaba con un hermano evangélico, con la noble profesión de albañil, que lee
la Escritura con dos libros más para profundizar en el sentido exacto de los
términos que está leyendo. En este amigo evangélico se da un modo de acercarse
a JESÚS como Maestro. Para entender hay que buscar significados, y para
encontrarlos es necesario pedir al Maestro, a través de los medios oportunos,
que nos los revele. El acercamiento y conocimiento de la Palabra es una puerta
privilegiada para entrar en el misterio mismo del Corazón de JESÚS: “Por mi
palabra estáis ya limpios” (Jn 15, 3); sabiendo que “los limpios de
corazón verán a DIOS” (Cf. Mt 5, 8).
La sed
de la Palabra
Cuando
llega a nosotros, porque la hemos buscado con necesidad y simplicidad, la
Palabra se aloja en dos instancias: la memoria y el corazón. Si la Palabra no
es recordada se pierde (Cf. Mt 13,18-19). Al mismo tiempo, la Palabra tiene que
ser acogida en el corazón que es el centro vital de la persona a ejemplo de la
Virgen MARÍA (Cf. Lc 2, 19).
Existe una
verdadera cruzada de desprestigio contra la memoria de las personas para
sustituirla por la memoria artificial. Esta agresión al individuo no es inocente
en modo alguno, y una de las vertientes más afectadas es la Fe. La razón y la
Fe no se pueden disociar salvo que deshumanicemos a la persona. Una Fe sin el
consiguiente análisis racional puede acabar con mucha facilidad en mera
superstición. Lo mismo que una inteligencia sin Fe puede derivar en un puro
gnosticismo o soberbia intelectual. Cuando la Palabra proviene del Evangelio
trae las señas de identidad del propio JESÚS que da razón de las mismas; y la
razón que las indaga descubre en ellas las huellas del SEÑOR. En el habitáculo
interior, donde hay silencio (Cf. Mt 6, 6), surge el conocimiento, aparece la
revelación de la Palabra que habla al corazón.
Acerca de Octovilo Mateos Matilla
Mi nombre es Diego Fernando García, soy el administrador del Pensamiento Serio.
Soy un lector de filosofía, libros que hablan de pensamiento humano, mi corriente filosófica es: neo-realismo analógico.
Escritor de blog, artículos, creador del proyecto «pensamiento serio» Es un sitio de filosofía sociedad y religión católica. Con recursos como: texto, imagen, audio , vídeo, diapositivas y diferentes formatos adaptados a este espacio.
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